jueves, 2 de noviembre de 2017

Mesa de estación: otoño (Nature table: autumn)

Y llegó el otoño. Debería decir algo así como... dando frescor a los días cálidos del verano... 
Pero mentiría. Este ha sido uno de los otoños más calurosos que recuerdo. 30º marcaban los termómetros este fin de semana (ya en casi casi noviembre). Y como uno nunca está conforme con lo que tiene, lo que estoy es loca por calzarme los zapatos de invierno y usar mis chales y dedicarme sin tapujos a tejer como una posesa mientras tomo una taza de té humeante.  
Mientras esos momentos de felicidad plena llegan, nos conformamos con ir poniendo la mesa de estación.
El otoño arranca con el cumpleaños de Jorge, así que es nuestra estación favorita. No podría ser de otro modo. De modo que ésta, es nuestra mesa preferida. Evidente.
Por su cumpleaños, Jorge siempre le pide a su padre que le haga algo en particular. Con lo que cada año vamos añadiendo detalles. La mesa de estación de otoño creo que fue el regalo de su cuarto cumpleaños. El año pasado le pidió a su papá que le fabricara una casita de hadas y, este año, una mesa con sus sillitas. El papá se carga de creatividad y acaba elaborando cosas tan chulas como estas.
He de decir que las hadas no creaciones son mías. Son del taller de mi amiga Nuria (que por cierto, recibe encargos y hace cosas preciosas). Y el caballo fue un regalo de cumpleaños de un amigo de Jorge de su escuela de infantil, hecho por su mamá.  
Eso sí, evidentemente, todo lo tejido ha salido de mis agujas.
Estamos muy contentos con su llegada, Sr. Otoño. Pero, por favor, instálese de una vez... 




La historia que queremos contar es la de los preparativos para la llegada del otoño. Los enanitos vigilantes de la cosecha controlan que todo vaya bien y que los frutos otoñales salgan en su justo momento. Champiñones, setas, calabaza, maíz, peras y uvas. 



Mientras, los animales pequeños se aprovisionan de frutos (las bellotas, muy poco comunes en las Islas Canarias, vinieron camufladas en la maleta el año pasado desde Budapest)




Y a cierta distancia, el hada y la dama del otoño van marcando las pautas y los tiempos. Daos prisa!! Que ya se acerca el Señor Invierno!!! Y todo tiene que estar listo!!!


 

lunes, 24 de julio de 2017

Diez.

Estoy de cumpleaños.

Diez años. DIEZ .

Cuando descubrí el mundo de los blogs me quedé maravillada. Contactar con gente que tenía mis mismos gustos, leer sus opiniones y vivencias, aprender (yo creía que sabía tejer... error!!). Con las de cerquita empecé a quedar para tejer, haciendo las reuniones frikis de tejedoras (o de tejedoras frikis, no sé). Violetaazul. PilarLolita Blahnik. Siona. Toñi. Satautey. Lamone. Rita. Carmen. Abuela Pilar. Anita. Con la mayoría sigo teniendo contacto y con algunas he llegado a tener maravillosas amistades que siguen perdurando a través de tiempo y distancia. 

Tranquilidad. Vida simple. Un embarazo. Un aborto. Un cambio de perspectiva. Un embarazo. Un bebé. Vida plena. Un fallecimiento. Una caída en picado. Un renacimiento. Una separación. Equilibrio. Una unión. Cuatro viajes. Una muerte. Vida. Felicidad. Ese es mi resumen de estos diez años.

Este blog me ha servido tanto para estructurar mis pensamientos al verlos por escrito, como desahogo y para dejar constancia de mi opinión sobre determinados temas. Un cuaderno de bitácora que si alguien lo lee de principio a fin, probablemente se hará una idea más o menos clara de cómo soy. Ahora bien, no de quién soy. No tengo ningún interés en que quién me lee sepa que me llamo de este u otro modo, el sitio en el cual trabajo o el lugar exacto donde vivo. Dicen los que saben, que eso debe de tener un lugar señalado en mi blog. Nunca ha estado. Aquí sigo. Personalmente creo que esos matices carecen de interés. Es cierto que mi ego crece un poquito cuando con una entrada en particular tengo 200 visitas, pero en la siguiente quizás siga con el tema de la anterior, de la que pasaba todo el mundo. Con esto quiero decir que no escribo o publico fotos para que la gente valore más mi blog o a mi misma, lo hago porque me gusta. No gano nada con ello y las ocasiones en las que me han propuesto que haga publicidad de uno u otro producto las he rechazado. No lo critico como trabajo o forma de vida, me parece perfectamente lícito pero ese no es mi fin, al menos, no lo ha sido hasta ahora (cualquiera sabe qué pasará mañana)

No soy constante. Me gustaría poder afirmar que a partir de hoy voy a publicar un post cada semana, pero por mucho que lo intento hay semanas que no saco el tiempo necesario para escribir o editar fotos. Porque esto no deja de ser secundario y quiero dedicar el tiempo a lo que realmente me importa, esto es, mis chicos. Mi chico grande. Mi chico pequeño. Cada uno a su manera absorben cada segundo que tengo libre, así que cuando por fin consigo sentarme ante el ordenador, hay días que incluso me quedo dormida.

Eso sin contar con que por las circunstancias de la vida, he estado años enteros sin publicar, pero sorprendentemente, algunas de vosotras seguíais ahí. Esperando de forma paciente, que llegaran tiempos mejores.

Tengo un FB que alimento lo justito, con familiares y amigos, pero la mayoría de mis amigos feisbukeros desconocen la existencia de este blog, al igual que la mayoría de los lectores de este blog no están unidos a mi FB. Al Pinterest sí que no he podido resistirme. La cuenta de Flickr la inicié con mucho interés, pero cuando cambiaron los formatos dejó de parecerme tan atractivo. Hasta ahora me he resistido a IG, porque... si me cuesta la supervivencia de un blog... cómo voy a poder dar continuidad a otra vía?? Aunque... sé que en este tema... acabaré cediendo ante la presión... ;)

En los últimos tiempos se me ha pasado por la cabeza reformular la idea conceptual de mi blog. Cambiarle el formato, modernizarlo. Ponerle ventanas emergentes y opciones de vista rápida/reducida y esas cosas que recomiendan a los blogueros. Me daba la sensación de que se estaba quedando obsoleto y carente de interés. Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que no. Quien vuelve por segunda vez no lo hace para echar un vistazo rápido e irse. Más bien, sabe que con la excusa de una foto voy a escribir mi punto de vista sobre algo o a contar una anécdota que me ha pasado. Voy a hablar sobre la historia de la labor que he tejido y hasta el olor de la lana con la que está hecho. Hay gente así. Doy fe de ello.       

Con la perspectiva que me dan estos diez años, puedo decir que mi blog no está obsoleto, es... vintage y probablemente, queridas y queridos lectores, si estáis ahí es porque vosotros, a vuestra manera, también lo sois. Porque no os conformáis con lo que hace todo el mundo y os gusta la idea de emplear un mes en hacer unos calcetines que podríais comprar en un chino por un euro. O en hacer una mermelada. O amasar un pan. Porque cada una de esas cosas lleva un trocito de nosotros. Igual que este blog lleva un poco de VioletaazulPilarLolita BlahnikSionaToñiSatauteyLamoneGlora, Albis,  Glaramknits, Alicia, Miso, Sandra, Luisilla, MJ, Alex, Mrs. Knook, Tartaruga, la Gran Penélope, Laurita, Olivia, Chitin, Rocío, Eva, Maie, Conchi, Bailadora, Inma, Mamá Carmen, ZimeEstherIsaMarona, Mob, Rita, Vane, Ajo, Bee,... Y tantas que me dejo seguro por el camino.




Brindo por todas vosotras, lectoras de mi blog (sin duda, más mujeres que hombres). Por vuestra creatividad. Por las cosas hechas con paciencia, con las manos y el corazón. Por la vuelta a una vida más simple y consciente, con menos prisas, disfrutando de las cosas chiquitas. Por la música y el baile de a dos. Por la comida que preparamos para aquellos a los que queremos. Por el chocolate caliente y el té compartido. Por los que vienen. Por los que se van. Por la vida. Por la felicidad. Por poder disfrutar otros diez años de vuestra compañía.

A todas. Gracias. Mil.

lunes, 19 de junio de 2017

Kelenföld.

A Budapest nos fuimos en otoño. Disfrutamos de la caída de las hojas. De las gamas de ocres de los parques. Del frío incipiente de octubre.


Kelenföld lo descubrí en pinterest. Lo imaginaba diferente. Un sitio donde escuchar el sonido del viento entre las ramas y el trinar de los pájaros. Un remanso de paz. Con un castillo en el cauce de un río, en el que se dejaba reflejar. Perfecto para ser fotografiado en otoño. 

Obligué al Sr. Duende a buscar la forma, en nuestra apretada agenda, de llegar hasta allí. Fuimos en tranvía. Me encontré un parque puesto casi de casualidad cerca de una iglesia, y entre ambos una calle bastante transitada. Coches por dos de los cuatro laterales del parque. De entrada me sentí "timada", con pequeñas dosis de enfado y frustración. Mientras iba dando vueltas alrededor del pequeño lago buscando el mejor encuadre, me dio por pensar que esta situación, no dejaba de ser parte de la magia de la fotografía: conseguir ver el mejor lado de algo que a priori parece que carece de interés...

Para quitarse uno "la magua", nada mejor que aprovechar la ocasión a hacer un par de fotos al Sr Duende (cuyos perfiles son todos buenos) con algo más tangible e igual de mágico, como es una prenda de lana.  

Patrón: Cornflower Cowl de Karen Scott (más en ravelry)


lunes, 12 de junio de 2017

Silencio: se juega.

Día de lluvia. Niños que no pueden salir al recreo. Profe que decide reunir a los peques de infantil y primer nivel de primaria y ponerles una peli.

La profe pone Spiderman. Niño que la mira y le dice "Seño, yo no puedo ver esa peli, mi mamá no me deja ver ese tipo de películas. Son muy violentas y tampoco deberían verla los pequeños" Profe que mira al niño con cara de "mande?" y le responde... "pues... si no quieres ver la peli... ponte a pintar..."

Jorge nunca ha visto una peli "de tiros". Es un lenguaje tan lejano para él, que por no conocerlo se ha inventado las palabras. Así, por ejemplo, en algún momento cuando jugando me ha hecho la forma con las manos de una pistola, me ha dicho "mami, te voy a pistolar". Yo soy de las que nunca le compró una pistola, lo más parecido que tuvo fue una pequeñita de agua que le dieron en la piñata de un cumpleaños. Él tampoco ha tenido interés por jugar a indios y vaqueros o a policías y ladrones. Lo más malo que puede encontrar en su imaginario son las brujas de los cuentos. 

No creo que los niños deban ver imágenes violentas, porque la violencia genera violencia. Tanto su padre como yo nos cuidamos mucho de controlar lo que ve en televisión, y no existe ansia por su parte por ver las cosas que no se le permiten, simplemente porque no generan interés en él. No hay "control parental" en los televisores a los que tiene acceso (en casa de su abuela, de su abuelo,..) existe autorregulación. Cuando por azar pasa por un canal que están poniendo unos dibujos que no solemos ver, es que ni se para, tiene interiorizado que no merecen la pena; si está en una casa que no es de su familia, informa que a él no le dejan ver eso y si no lo cambian, se pone a jugar a otra cosa. Los canales que no son infantiles, ni los mira. Hay que decir que, en general, la tele la vemos poco (estuvimos casi dos años sin televisión y la verdad es que no la echábamos mucho de menos) pero vemos muchas pelis, tanto en DVD como en el cine y todas ellas tienen que pasar por el "tamiz represor" de sus padres, porque nunca ve una peli solo sentado ante el televisor. Del mismo modo que nunca se le ocurriría descargarse una app para la tablet (usa la mía, pero eso se merece un post aparte) sin consultar primero si puede hacerlo.

Hay edades para todo. Con diez años los niños son capaces de asimilar cosas para las que no tienen capacidad con cinco. Las series para preadolescentes y adolescentes son para esa franja de edad, no para niñas/os de siete u ocho años. Se han parado alguna vez a evaluar la cantidad de mensajes subliminales que se emiten en los programas/series/pelis infantiles?? Un ejercicio estupendo es coger lápiz y papel y ver tres o cuatro veces lo mismo, pero con sentido crítico. Asusta.

Pero la violencia no está solo en la tele. Está en el lenguaje, en los gestos, en el día a día. El hecho de que un niño sea tratado siempre con el máximo respeto y que se le exija lo mismo cuando se dirige al otro, no pegarle nunca (bajo ningún concepto) y no permitir siguiera que haga el amago de pegarle a uno de sus padres, no presenciar discusiones familiares, ni gritos, ni insultos, no escuchar como se desprestigia a un tercero,... 

Los primeros dos años de vida son los más importantes del mundo mundial. Cierto. En ellos se constituyen las bases del apego y harán al niño de una forma u otra. Los siguientes cuatro año, hasta los seis, son quizás un pelín menos importantes, porque el trabajo duro ya está hecho, pero tienen la relevancia del aprendizaje vicario. Copiar. Copiar. Y copiar. Cuando lleguen a la adolescencia, si ese trabajo no está bien hecho diremos que todo iba bien hasta que se hizo un amigo que lo llevó por mal camino. 

La violencia genera violencia y el buen trato genera buen trato. Los hombres que mañana tratarán con respeto a otros hombres o mujeres son hoy niños a los que hay que educar para ello. No se vacuna contra la violencia inyectando violencia en vena. El caminito no es ese. Y los educadores primarios de los niños que son sus padres, deben de ser conscientes de que no todo lo que se vende en una juguetería es un juguete, igual que no todo tipo de dibujos animados son adecuados para que los vean los niños. 

Los niños tienen el derecho a ser tratados con todo el amor, aunque el mundo sea salvaje. Ya llegará el momento en que tengan que salir a la selva a luchar, pero mientras tanto, tenemos la manía de no dejarlos vivir su infancia. Permitirles que disfruten de jugar, de la magia, de la imaginación, de la creatividad. Van a tener un montón de tiempo para ser mayores, mientras tanto... por qué no darles un espacio para ser niños?  



 







lunes, 5 de junio de 2017

Lisboa. Lojas.

Casa Pereira Da Concençao 

En la Rua Augusta 102, se encuentra esta pequeña tienda de cafés y tés. Está atendida por un señor mayor, que parece tan mayor como la misma tienda. Elegimos un café, en grano, molido ante nosotros, "para que conserve todo su aroma", nos dijo en un portugués apto para extranjeros. 

En los estantes, chocolates y caramelos, cajitas de tés y teteras. No era tanto lo que vendía, sino cómo lo vendía. Con la sensación de estar retrocediendo en el tiempo. Y esa pesa... no os parece maravillosa??



























Cafés A Carioca.
Otra tienda de cafés y tés, esta vez en la Rúa Da Misericórdia, 9. Deben de ser de la misma época, pero con un fisquito menos de encanto. De cualquier manera, le habría hecho fotos en el interior, pero... la pillé cerrada...




Espingardaria A. M. Silva

Ubicada en la Praça D. Joao da Câmara, en Rossio. No es que me interesen lo más mínimo las armas, pero... ese cartel... Ay! que parecía que en la puerta ibas a ver a dos señores comprando las pistolas de un duelo al amanecer a orillas del Tajo...




Caza das vellas Loreto

Esta tienda, ubicada en  Rua do Loreto 53, es el summum de cualquier fanático de las velas naturales. Parece que tienen a un grupo de señoras en la parte de atrás, metiendo los hilos derechitos en los calderos de cera fundida. Una vez, dos, diez, cien... hasta que salga la vela con el grosor adecuado. Y así hasta el infinito.





Ferreira Marqués, Filhos. Joalheiros. 

Y lástima que lo mío tampoco sean las joyas, porque esta joyería en la Praça D. Pedro IV, tiene que ser también una delicia.





Silva & Feijóo.
Casa Portuguesa de Produtos Tradicionais

Por último, esta tienda, ubicada en la Rua de Sao Nicolau, 50, no creo que se considere una loja tradicional (aunque en sus inicios sí lo fuera), ya que por ella sí que se notan las huellas de la época actual. No obstante, me encantó, y la quiero incluir en este listado por el exquisito trabajo realizado en madera de las marionetas que configuran el fondo de la tienda. Con todos sus detalles. Lindo trabajo artesano.

Ah! y la balanza del escaparate... mmmmm....











lunes, 22 de mayo de 2017

Buscando las estaciones.

Dicen que vivir en las Islas Canarias es vivir en la eterna primavera. Ciertamente, aquí no tenemos unos cambios brutales de temperatura con el devenir de los meses. Nuestro invierno es como el principio del otoño en el norte. Con la primavera podemos subirnos a los veinte grados. Y la temporada playera en el norte de las islas abarca fácil, desde mayo hasta octubre (en el sur, es prácticamente todo el año)

Todo ello teniendo en cuenta que después cada isla tiene sus particularidades y que, debido a la escarpada oreografía, las zonas sur y norte no tienen nada que ver. Los microclimas, que llaman.

Pues bien, dado que el verano ya lo llevamos puesto, este último año el Sr. Duende y yo, parece que sin quererlo, hemos ido a buscar las estaciones. Y las encontramos... 

Otoño en Budapest (octubre 2016)


 Invierno en Suiza (enero 2017)


Primavera en Copenhague (mayo 2017)


martes, 2 de mayo de 2017

Buenas noches Calima.

Calima nos dejó. Un labrador con orejas suavecitas y largas de cócker (la dueña de sus padres pensaba que debido a la diferencia de tamaño no iba a haber problema, que ninguno se fijaría en el otro, pero... el amor es ciego...) y de carácter tranquilo y bonachón (excepto cuando un pajarito se posaba en la valla del jardín, o se colaba un ratón en su territorio, o pasaba un viandante, o...)

Estuvo acompañándonos 16 añazos. Cuando el papá de Jorge y yo nos íbamos de vacaciones pasaba días sin comer, abatida por los rincones, hasta que volvíamos y todo era fiesta otra vez.

Ella recibió a Jorge cuando nació y lo miraba desde una distancia prudente. Nunca lo mordió. Ni siquiera lo asustó con un empujón o un ladrido. Su foto me acompaña desde hace muchos años en mi mesa de trabajo, desde antes de que llegara mi pequeño y está en todos los dibujos de jorge como parte fundamental de su familia.


Siempre estaba en medio. En medio de las piernas. En medio de los almuerzos. Cuando preparaba la comida. Tenía su caseta en el jardín, pero de un tiempo a esta parte y al hacerse mayor (y más tranquila), comenzó a dormir en el salón. Muchas veces la puerta de la casa se quedaba abierta. No pasaba nada, al más mínimo ruido, sus ladridos se escuchaban hasta en el pueblo de al lado. Jorge, su papá y yo, íbamos y veníamos. Ella siempre estaba. Hasta el punto que Jorge desde pequeñito se acostumbró a que la casa de su papá era "la casa de Calima". Y todos la llamábamos así. 

Desde hacía un año que estábamos yendo con más frecuencia al veterinario. Siempre nos decía que ya estaba en "tiempo de descuento", porque para un perro de su tamaño, todo año por encima de los trece, era un regalo. Se le fueron detectando tumores, pero ella siguió haciendo su vida normal. Hasta hace un par de semanas. Vimos que faltaba muy poquito para que llegara su momento y a todas luces parecía que iba a ser muy doloroso, así que decidimos llevarla al veterinario y ponerle un "dormidor" como nos dijo Jorge, "para que no sufriera". 

Que decisión más dura. Era como si la estuviéramos mandando a la guillotina. Cualquier razonamiento lógico en ese momento es absolutamente inútil. Estás decidiendo que maten a tu perro, aunque sea por evitarle un mal mayor en breve. Da igual. Lo estás matando. 

Estuvimos los tres juntos con ella hasta el final. Llorando de forma desconsolada. Hasta a la veterinaria le bajaban los lagrimones por las mejillas. Fue muy triste, pero al mismo tiempo muy bonito.  

Jorge hizo dibujos para que la recordáramos y le sacamos fotos que "tenemos que imprimir para no olvidarnos nunca de ella". Probablemente sea un capítulo que se quedará grabado a fuego en su retina. Sigue dándole las buenas noches antes de dormir y, como no sabemos exactamente a dónde se van los perros cuando se mueren, cuando llegamos a casa de su papá la saluda o hace ademán de tener cuidado cuando abre la puerta "no sea que salga Calima".

- "Mami... hay un cielo para los perros?"
- "No lo sé Jorge, pero si lo hubiera, seguro que Calima estaría allí. A lo mejor se ha convertido en una mariposa..."
- "Mami, eso no puede ser, las únicas que se convierten en mariposas cuando se mueren son las personas. Los perros se tienen que convertir en otra cosa. Tal vez en una mariquita"
- Tal vez...  



Buenas noches Calima.


lunes, 24 de abril de 2017

Baby bonnet.

Un proyecto rapidito para una linda bebé, hija de un compañero de trabajo del Sr. Duende.


El Sr. Duende aprovechando los encantos tejeriles de esta hacendosa hada, la miró con ojitos y caída suave de párpados, como sólo él sabe hacer, suplicando por un detalle para su compañero y... claro, utilizando ese tipo de arma nuclear, no hay agujas que se resistan... 


Este patrón es una mezcla de ideas adaptadas. Me encanta como queda. Creo que he hecho más de diez. Con distintos tipos de hilos, con cinta de raso, con cordón tejido, más grande, más chiquito,... todos me gustan...



No tengo la prueba visible de cómo quedó. Solo el amago, hecho con una mano masculina llena de pelos que es muy poco favorecedora; pero reconozco que me parece súper simpático el contraste. Brazos fuertes con gorros de bebé. Adorable.
  

Nota: detalles técnicos, aquí.

lunes, 10 de abril de 2017

Lisboa. Pastéis de nata.

Los pastéis de nata son un must en Lisboa. No puedes ir a esta ciudad y no probarlos. Lisboa va indisolublemente unida a pastéis de nata. Entre otras cosas, porque los verás por todos lados. En el desayuno del hotel. En puestos por la calle. En todas las pastelerías, restaurantes y cafeterías.



Básicamente se trata de unas cestitas de hojaldre con una especie de crema pastelera de yema, leche y azúcar. Se toman calientes o fríos, con o sin canela y/o azúcar glass por encima.
Eso sí, hay tipos y tipos de pastéis de nata. Los del desayuno del hotel o los que podías comprar cómodamente en el súper son muy malos.
La máxima fama (y provecho) la tienen los de Belém. Al lado del Monasterio de Los Jerónimos se encuentra la Antiga Confeitaria de Belém, sitio de peregrinaje de los turistas, ya que matas dos pájaros de un tiro, vas al monasterio y de paso, te tomas un pastelito, además te lo ponen en unas cajitas muy apañadas para que lo puedas llevar de regalo a parientes y amigos. Problema es que, como todo el mundo lo hace, las colas que se forman alrededor de la dichosa pastelería son kilométricas.



Se dio la circunstancia (como ya comenté aquí) que el día que elegimos para visitar el Monasterio, diluviaba, así que, además de llegar tarde, y encontrarlo cerrado, nos topamos con la dichosa pastelería... sin una sola alma bendita haciendo cola!!!! Evidentemente aprovechamos esa alineación planetaria para probar los pastelitos cuyos matices particulares llevan guardando de generación en generación desde 1837.


He de decir que, de entrada, me pareció un sitio con mucha solera. Llama la atención que haya un vigilante de seguridad en el interior, al lado de la puerta, supongo que ello se debe a las peloteras que deben de formar los turistas que esperan horas para comerse un pastelillo y después se encuentran con que se han terminado.  


Venden más cositas, como se puede apreciar (vinos portugueses, mermeladas,...), pero claro, los pastelitos se llevan la palma.




Una vez que ya tienes tu pastelito, adecuadamente empaquetado, te planteas tomar algo calentito, pero claro, para eso tienes que pasar al interior. Vale. Igual como llueve, no hay mucha gente. E inicias el periplo por una serie de pasillos y salitas, y te das cuenta de que aquello es ENORME!!










Hasta que al final llegas a un salón inmenso atiborrado de gente (pero... donde estaban??? si aquí no había nadie!!!), en el que camareros con walkies te indican el camino a seguir, solo a falta de cartelitos luminosos de Follow me. Increíble el montaje que tienen estos pasteleros. Cuando al fin conseguimos una mesita en un rincón de aquel sitio hiper ruidoso, y empezamos a esperar a que viniera un camarero para pedirle un café con leche... ya fue la repanocha. Cinco minutos. Diez. Quince.


Y nos cansamos de esperar. Así que nos zampamos el pastelito y nos fuimos. No podría asegurar si fue el mal humor que se nos metió en el cuerpo, pero la verdad es que no nos pareció nada del otro jueves. No estaba mal, pero tampoco estaba sublime. Personalmente creo que la fama se les ha subido a la cabeza y han perdido el norte.


Pero... para alegría de los dulces paladares, hay otros sitios donde hacen pasteles de nata. Quizás sin un local tan turístico, pero con unos pastelitos que nos gustaron mucho más. Entre ellos está la Manteigaria fabrica de Pastéis de Nata de la plaza Luis de Camões. Deliciosos. Fuimos dos veces. Es más, los que trajimos para casa fueron de este lugar.






La primera vez que fuimos no tuvimos que esperar nada. La segunda, el domingo por la mañana, había una cola discreta, nada que ver con la que nos encontramos esa mañana en la pastelería de Belém (domingo y tiempo despejado, ya os podéis imaginar el resto... la cola daba la vuelta a la manzana!!)


Por último, señalaría los de Tartine, una cafetería medio escondida cerca del archiconocido café A Brasileira, en la rua Serpa Pinto.


Hace poco vi un libro sobre postres internacionales, en donde venía la receta. Habrá que probar a hacerla en casa. aunque claro, por muy buena que quede... no será lo mismo que tomarla en plena Lisboa...